Árboles mágicos: el Granado.


Si os preguntamos acerca de un árbol que tenga presencia en la mayoría de los jardines, seguramente diríais que se trata del olivo y no os faltaría razón, es de los ejemplares que más lucen como elemento estructural o escultórico en un jardín. Pero hay otro que merece estar también en calquier jardín: hablamos del Granado.

El Púnica Granatum es uno de los árboles más llamativos y simbólicos que tenemos en España . Los romanos lo conocieron por los cartagineses, de ahí su nombre vulgar de Manzano de Cartago.


Fue apreciado por todas las grandes civilizaciones de la Antigüedad: Babilonia, Fenicia, Grecia, Egipto, Persia..., y además de sus propiedades medicinales, se le otorgaba un valor religioso.
Una de estas antiguas culturas, la árabe, es la que lo introduce en Europa y lo hace a través de España, de lo que entonces era el Al Andalus y su cultivo llega a extenderse tanto que una de las ciudades más importantes de Andalucía acaba bautizándose con su nombre: Granada.

Se trata de un pequeño árbol caducifolio, a veces de porte arbustivo, que a pesar de ser conocido por los romanos, era cultivado desde milenios en  Asia y la cuenca mediterránea. Destaca por su tronco retorcido y de corteza grisácea que le da un aire escultórico en la etapa de invierno cuando pierde sus hojas caducas y en el resto del año, por su follaje de tonos cambiantes y sus vistosas flores y frutos. Puede alcanzar entre 3 y 6 metros de altura.


Flores y frutos
Sus flores, de pétalos arrugados, son de color rojo anaranjado, con estambres rojos y cáliz coriáceo aparecen a finales de la primavera y en verano y en otoño aparecen los decorativos frutos característicos, de gruesa piel escarlata o dorada, llenos de jugosos granos con pepitas. Pero solo te dará frutos si lo tienes plantado en el exterior, pues son los insectos quienes realizan su polinización.

Cultivo y cuidados
Debe situarse a pleno sol, en un lugar bien aireado. Conviene plantarlos a finales de la primavera para evitar que sufra con las heladas tardías, ya que es muy sensible al frío. No es exigente con el terreno, pero crece mejor en uno profundo —donde sus raíces, bastante invasivas, se asientan mejor—, ligero, permeable y fresco. Prefiere los climas templados e incluso cálidos. Aunque resiste bien la sequía, conviene regarlo bastante en verano y evitar en cualquier caso que se seque completamente el sustrato.







Documentación: Verde es Vida
Fotos: Pixabay

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