miércoles, 13 de mayo de 2015

El botiquín del jardín.

Las plantas son seres vivos y por lo tanto son susceptibles de sufrir enfermedades y plagas y ahora con la llegada de los primeros golpes de calor es cuando aparecen los primeros problemas. Y de la misma manera que en el caso de las personas no debemos aplicar los remedios sanitarios al libre albedrío, con las plantas pasa lo mismo: ¡ojito con lo que se mezcla en las mochilas fumigadoras y lo que se aplica a las plantas que podemos causar un desastre mayor!

Vaya por delante que siempre y cuando decimos siempre, significa SIEMPRE... hay que leer las intruccciones del fabricante del producto y sobretodo hacerlas caso. una dosis excesiva puede ser perjudicial y una escasa, inútil y mezclar productos que no se pueden mezclar suponer un desastre o aplicarlos de manera errónea.
Por ello también es conveniente saber para qué sirve cada producto de los llamados fitosanitarios que son los que utilizaremos para mantener el jardín sano: plaguicidas, fungicidas y herbicidas.

Plaguicidas.
Como su nombra indica sirven para combatir cualquier plaga siendo Insecticidas para ataques de  de insectos  o  Acaricidas para el de los ácaros.
Por su forma de actuación sobre las plantas distinguiremos entre:
- Sistémicos, es decir que son absorbidos por la planta una vez aplicados;
- De contacto, que aniquilan al atacante cuando los toca.
- De ingestión, que actúan cuando el producto o la planta tratada son ingeridos por el bichito que se los come.
- Helicitas, especiales para las babosas y caracoles.
Que no cunda el pánico, que no os parezca complicado, existen fitosanitarios para tratar varias plagas a la vez, y otros específicos. 

Fungicidas.
Se utilizan para luchar contra las enfermedades provocadas por hongos, bacterias y virus, que pueden causar desde pudriciones hasta clorosis, manchas, deformaciones, etcétera. Es importante estar muy atentos a los primeros síntomas y en caso de duda, acudir al centro de jardinería con una muestra de la parte enferma de la planta pues son más difíciles de detectar que los insectos y ácaros, y a veces puede haber dudas a la hora de diagnosticar y tratar. Los más comunes son el oídio, la roya y el mildíu. 

Aquí sí que es efectivo y aconsejable aplicar lo de "más vale prevenir que curar" y se logra controlando el exceso de humedad y las condiciones de cultivo.

Un fungicida preventivo habitual es la pasta cicatrizante que se aplica después de la poda en la herida abierta en la planta, por donde suelen penetrar estos microorganismos ya que acelera el proceso de formación del callo en la zona podada.

O el Azufre. Previene la aparición del oídio, aunque también se emplea contra ácaros. Se  espolvorea sobre la planta.

Oxicloruro de cobre
Se trata de un fungicida preventivo indicado para eliminar un gran número de hongos presentes en plantas ornamentales del jardín, frutales, cítricos... como el mildíu, la roya, el moteado... Y en el caso de estos dos productos ¡jamás se deben mezclar!

Herbicidas
Son compuestos que evitan el desarrollo de las malas hierbas, que compiten con las plantas por los nutrientes, el agua y la luz del sol, y son portadoras de plagas y enfermedades. Se aplican por fumigación, sobre las hojas o el suelo, a principios de otoño y primavera. Y así nos evitamos tener que cortar los cardos con un hacha…

Uno de los herbicidas más usado es el glifosato, que elimina todo tipo de malas hierbas anuales y perennes y es letal contra las gramíneas que son esas hierbecillas que salen por todos los lados y levantan hasta los solados. También es efectivo el sulfosato, que penetra hasta las raíces. Sin embargo hay que aplicarlos con cuidado de no afectar las plantas buenas.

Ya sabéis, mirad primero las dosis que recomiende el fabricante y después de haber utilizado la pistola o mochila de pulverizar con este tipo de productos tenéis que tener la precaución de limpiarlas y enjuagarlas muy bien.







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