sábado, 2 de noviembre de 2013

Español-Perro & Perro-Español


¿No os ha ocurrido alguna vez que habéis echado en falta un diccionario que os tradujera lo que quería deciros vuestro perro? Si bien, también es cierto que a algunas razas casi no les hace falta hablar para entendernos con ellos, hay ciertas actitudes que si no conocemos el lenguaje o claves del comportamiento animal pueden llegar a desquiciarnos.
¿Por qué tu perro escarba el jardín? ¿o es de los que muerde los muebles? ¿Y cuando se pone agresivo cuidando sus juguetes como si fueran cachorros?

Bueno, pues gracias al veterinario Jean Cuvelier y los consejos del primer diccionario del lenguaje de los perros que ha escrito (ediciones Vox), podemos explicarnos en nuestro "idioma humano" lo que nos quieren decir.

Un consejo general: muchas personas tienden a humanizar a su perro y priorizan el lenguaje verbal en la comunicación, modelando el tono de lo cariñoso a lo enfadado.
El perro lo capta, pero atiende mucho más a la mímica, las posturas o el contacto, por eso, y aquí es igual de importante que cuando educamos a niños, es fundamental la coherencia entre  la voz y los gestos con en el mensaje que le vamos a dar. Por ejemplo, si llamamos a nuestro perro con un tono amable para después gritarle o castigarle, el animal no entenderá nada.

Cuando los perros se ponen a aullar están diciendo que se sienten solos. - Foto de: Lily Rosen.

Y así ocurre con el resto de acitudes que solemos mantener con ellos dependiendo de cada caso:

El típico cachorro.
Problema frecuente: el cachorro hiperactivo que no para de agitarse alrededor de su  amo y mordisquear. El humano se divierte, le ríe las gracias. El perrito piensa: “Le gusta, así que sigo haciendo el demonio de Tasmania”. En realidad esa falta de control puede indicar confusión por falta de límites y reglas (de la madre o del amo), o ansiedad porque en su entorno no disfruta de estímulos adecuados. Será necesario corregirlo para evitar que degenere en exceso de agresividad cuando se haga mayor.

"Quiero ser mamá"
Foto de: Morrice´s
De pronto una perrita hembra pasa horas recostada en su cama y con sus juguetes favoritos en el regazo. Está nerviosa, agresiva, incluso segrega leche: “¡Son mis bebés!”. Literalmente tiene un embarazo psicológico y hay que tratarlo con cuidado, retirar los juguetes, reducir la dosis de alimento y agua, consultar al veterinario para que le recete diuréticos y antigalactogogos, porque más adelante podría padecer tumores de mama.

El destroza-jardines.
Al perro le da por escarbar en tu amado jardín, e incluso puede ser peor y le da por hacerlo en el de tu vecino... Sencillamente puede que se trate de una raza con fuerte instinto cazador o quizás sea un síntoma de angustia por soledad (una de las causas más comunes de la conducta hooligan) o de mortal aburrimiento. En todo caso, el dueño nunca debe cavar en el jardín delante del perro para que no piense: “Si él lo hace, bien hecho está, ¡a imitarlo!”. Si se le sorprende tunelando otra vez, es útil castigarle a cierta distancia, por ejemplo con un manguerazo de agua. Así no asociará el castigo con la presencia del amo y aunque esté solo aplicará la lección de que excavar no le conviene para nada.

"No me mires a los ojos"
Con un perro muy agresivo que parece a punto de atacar, ¡tranquilidad y diplomacia! Si le miramos directamente a los ojos o nos agachamoa para apaciguarlo le haremos creer lo contrario: “Me está amenazando, tengo que defenderme”. Y nada de correr ni arrojarle cosas, mejor nos quedamos quietos, con los hombros caídos, la mirada baja y movimientos lentos para decirle: “Tranquilo, ni soy presa ni enemigo”. Si en el peor de los casos se abalanza y te derriba, debes girar como los toreros y hacerte un ovillo cubriéndote cabeza y cuello con los brazos.
Foto de : Tasha
¿Besito de perdón?... Va a ser que no es por eso.
Entre los perros que no tienen clara la jerarquía dentro de la casa donde viven es común el falso perdón: el animal propina un mordisco (leve si está en modo dominio y más fuerte si es en desafío) y después se acerca para lamer la zona atacada. Por regla general lo confundimos con un juego o con nerviosismo y se lo permitimos o no le damos importancia así que el perro piensa: “Bien, ha quedado claro que aquí mando yo”. En esos casos, hay que demostrarle enfado y distancia. Algo parecido sucede cuando el perro se empeña en tumbarse en un pasillo y dificultar el paso de la familia. Nos solemos hasta reír y pensar, "pero mira que es tonto y cabezota este perro, que manía de ponerse en todo el medio!" Pues de tonto nada... con ese gesto se hace fuerte y se confirma en el pensamiento de que  cree que le corresponde por liderazgo: es un punto estratégico de paso y asume su posición de vigía.

Saber interpretar los gestos y actitudes de perros, o gatos, exige conocer ciertas claves del comportamiento animal.  Como habéis podido comprobar, la lógica humana no suele coincidir con la de las mascotas.




Agradecimientos por la documentación a Verde es Vida.


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